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Perú: ¿dos mitades o una crisis de representación?, por Luis Favre

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09.06.2026

El editorial de La República (que reproduje este miércoles) sobre la elección presidencial peruana parte de una constatación aparentemente evidente: el país estaría dividido prácticamente por la mitad y quien gane la segunda vuelta tendrá la obligación de gobernar para todos. La conclusión es correcta en el plano institucional. Cualquier presidente elegido debe gobernar para todos los ciudadanos, incluidos aquellos que votaron en su contra. Pero la imagen de un país dividido en dos mitades quizás sea por sí sola insuficiente para comprender la profundidad de la crisis peruana.

Antes que nada, es preciso señalar que, en el momento en que escribo estas líneas, el resultado aún no ha sido proclamado oficialmente. El conteo continúa, la diferencia entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori es mínima y los votos aún pendientes, incluidos los del exterior y las actas bajo revisión, pueden ser decisivos. Por lo tanto, no se trata aquí de comentar una victoria ya consolidada, sino de analizar el significado político de una elección que, sea cual sea el vencedor final, revela algo más grave que una simple división electoral.

La idea de un país dividido por la mitad supone la existencia de dos fuerzas políticas arraigadas, cada una representando una parte significativa y relativamente coherente de la sociedad. Pero los números de la primera vuelta muestran otra cosa. La elección presidencial peruana de 2026 tuvo 36 candidatos. Keiko Fujimori llegó en primer lugar con poco más del 17% de los votos válidos. Roberto Sánchez llegó en segundo con el 12%. Sumados, los dos finalistas reunieron apenas el 29% de los votos válidos. Más del 70% de los electores que votaron válidamente eligieron a otros candidatos.

Este dato cambia completamente la interpretación política de la segunda vuelta. No estamos ante dos mitades orgánicas del país. Estamos ante dos minorías electorales que lograron sobrevivir a la extrema fragmentación del sistema político.

La comparación con 2011 ayuda a medir el cambio. Ese año, Ollanta Humala ganó la primera vuelta con más del 31% de los votos válidos. Keiko Fujimori quedó en segundo lugar con poco más del 23%. Juntos, los dos finalistas sumaban el 55% de los votos incluso antes de la segunda vuelta. En el balotaje, Humala venció con el 51,449% frente al 48,551% de Keiko. La contienda fue ajustada, pero ambos candidatos habían llegado desde la primera vuelta con una base electoral real, significativa y reconocible a nivel nacional.

En 2026, la situación es distinta. Keiko sigue siendo una figura central de la política peruana, pero llegó a la segunda vuelta con poco más del 17%. Sánchez, que hasta hace pocos meses era un personaje mucho menos conocido a nivel nacional, llegó con poco más del 12%. La distancia entre 2011 y 2026 no es solo matemática. Es política. En 2011 había polarización entre dos fuerzas importantes. En 2026 hay fragmentación, desconfianza y descomposición de la representación.

También es simplificador presentar esta elección como una disputa clásica entre derecha e izquierda. Estas etiquetas son inútiles para entender la situación actual. La derecha y la extrema derecha tampoco llegaron........

© La República