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El Mundial le vendió la pasión al mercado, por Ricardo Trotti

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23.07.2026

A pocas horas de la final y antes de entrar en tema, cabe agradecer a Argentina y España por emocionarnos y alimentar nuestra pasión con buen fútbol, cada uno a su manera.

El fútbol es una pasión mundial y la FIFA se aprovecha de ella. Incluida la final de hoy, se batieron los récords de asistencia a los estadios y de precio de las entradas. Un Gianni Infantino, exultante, se dibuja como el rey de las finanzas que cualquier gobierno contrataría.

Sin embargo, todo tiene su contraparte. La de Infantino es la vieja tensión entre eficiencia y equidad que el economista Arthur Okun resumió con la imagen del balde agujereado: un mercado que gana en recaudación lo que pierde en justicia por el camino. Cuanto más eficientes son la asistencia a los estadios y la recaudación, menos equitativo es el acceso a ellos. Ahí está el hincha que cada semana estira el sueldo del mes para alentar a su equipo y que, en este Mundial, aunque viva en cualquiera de las sedes, no pudo pagar una entrada.

Infantino justificó los precios con la oferta y la demanda. La FIFA compite, según él, en el entretenimiento más desarrollado del mundo y, por eso, "tiene que aplicar las tarifas de mercado".

La frase suena a una ley económica inapelable. Pero el mercado que invoca lo construyó la propia FIFA. Implementó por primera vez en la historia un sistema de precios dinámicos, similar al de las........

© La República