Su señora de usted
Entonces, tiempo ha, la vida era un cómic de lo más divertido. En él cada ser humano era un personaje, pero no uno de ficción sino de pura realidad.
Aquel hombre, ya muy mayor, mostraba esos típicos achaques que trae la vejez. Él mismo solía bromear diciendo de manera muy gráfica: no sé qué es mejor llegar a viejo o no llegar. Si uno no lo cuenta… malo, pero si lo vive con tantos alifafes…malo también. Sólo con mirarles, a los feligreses, les hacía una radiografía del alma, con la misma calidad que se la haría el médico. El viejo clérigo conocía muy bien a sus parroquianos pues hasta para la” mili” les había falsificado un certificado de buena conducta.
Como era muy recatado no estaba nada contento con la moral en lo tocante al sexto y noveno mandamiento. Pero era una gente maja y de confesión frecuente. Para evitarse la turbación........
