El juez incómodo y el ministro imprudente
En una cafetería cualquiera, podría ser en Madrid, en Santiago o en cualquier otra ciudad donde el café se enfría mientras se “arregla” el país, en dos mesas separadas por apenas un metro, parecen vivirse universos paralelos. En una, un hombre defendía con convicción que “por fin hay jueces valientes que se atreven con todo”. En la otra, alguien respondía casi al mismo volumen: “Esto es una persecución política de manual”. Ninguno de los dos se había leído el auto judicial. Ninguno parecía necesitarlo.
La escena, trivial en apariencia, resume mejor que cualquier editorial el estado de salud de nuestra conversación pública. En España se discute incluso sobre las decisiones judiciales más fundamentadas, y al juez se le convierte ya no en un árbitro, sino en un sospechoso. Héroe institucional para unos, instrumento de........
