España se escribe sin hache
Esa tierra hermana de Galicia que es Castilla y León pone con sus elecciones un paréntesis nacional en la escalada bélica de Oriente Medio y Ucrania. No nos olvidemos de Ucrania ni del sátrapa Putin, tan déspota como la opresora familia Jamenei. Camino de las andaluzas y las generales que Sánchez adelantará si le conviene, Occidente se tambalea en la duda de la guerra de Irán, el desplome de los mercados y la subida del barril de petróleo, es decir, del combustible. Como se ha podido apreciar desde el 8-M, la izquierda ha convertido la campaña electoral en una pancarta inmensa del “No a la guerra” repleta de victimismo feminista para compensar una reveladora falta de seguimiento de las manifestaciones femiflowers.
Pedro Sánchez busca refugio en el bunker contra la guerra que, por otra parte, es algo en lo que todo el mundo está de acuerdo. Salvo algunos dirigentes enfermos de delirios de grandeza y tentaciones autócratas, nadie quiere en pleno siglo XXI la realidad de un mundo belicoso que implica la amenaza de una contienda nuclear. A Pedro le viene bien el relato antibelicista de pacifismo trasnochado para esconderse de las vergüenzas de la corrupción, pero eso no le blindará contra los jueces y la UCO, ni contra la deriva de un mandato fabricado a base de cesiones impensables a costa del Estado y de la desigualdad entre territorios y españoles. Sánchez gobierna de espaldas al Parlamento porque no tiene una mayoría real, toma decisiones que debieran pasar por el Congreso, aísla a España del núcleo de decisión de la Unión Europea y de la OTAN, escribe odio con hache de harakiri y nos convierte en un país poco fiable por su entrega a los enemigos de Occidente.
Da la impresión de que el mundo ha perdido el rumbo con Trump y Putin, dos personajes peligrosos, enfermos del mal presidencialista y de un narcisismo corrosivo. Pero........
