Homenaje a la vejez
Con sus más y sus menos…; pero, a ratos, nos acordamos de ella. Antaño, se denominaba ancianidad caduca; hoy, eufemísticamente, Tercera Edad. No obstante, ya las Sagradas Escrituras le habían rendido tributo. “En los ancianos -le decía Job a Sofar- está el saber y, en la longevidad, la sensatez…”. Y si bien es cierto que, en ocasiones, quedó reducida a una flor sin aroma o a un árbol sin frutos, como si nada aportase al acervo social, sin embargo, otras veces, la conciencia del ser humano, avivada por el latigazo de que nadie se libra de envejecer, puso en funcionamiento la virtud de la caridad, vinculada a la empatía, a la benevolencia o a la solidaridad.
La indigencia en la que vivían aquellos náufragos que lo habían dado todo luchando contra el oleaje de la vida, ponía en marcha a benefactores que, ante la impotencia del Estado de hacer frente a la precariedad, optaban por donar sus bienes temporales con la finalidad de realizar obras sociales. Unos, construían asilos, como los Hermanos Prieto, en O Carballiño; otros, de forma más modesta, siguieron el ejemplo de San Sadurní de Noya.
En aquella localidad catalana, en 1915, una persona filántropa, anónimamente, había depositado 20000 pesetas en manos del director de la Caja de Pensiones para la Vejez. La benéfica........
