Jamenei Jr no es Delcy es Kim Jong Un
El nombre de Mojtaba Jamenei sonaba desde hace tiempo en las quinielas para sustituir a su padre, el gran ayatolá Ali Jamenei, como líder supremo de Irán. Ali Jamenei tenía 86 años y estaba enfermo, aunque, como pusieron de manifiesto las circunstancias de su muerte, dirigió hasta el último minuto el destino de su país. En su contra, pesaba el hecho biológico de ser el hijo del líder supremo. Una parte de los clérigos veían su designación como un relevo dinástico al estilo del Sha de Persia, que querían evitar a toda costa. Pero el asesinato de Ali Jamenei abrió el camino a Jamenei Jr para que se convirtiese en el nuevo líder supremo de Irán, más en una señal de desafío a Estados Unidos, que en una adhesión real a él.
En el inicio de la guerra, el presidente estadounidense, Donald Trump, consideró la estrategia de Venezuela como un modelo para Irán. Declaró al portal Axios: «Tengo que participar en el nombramiento, como con Delcy en Venezuela». Pero la elección de Mojtaba Jamenei frustró estas esperanzas. Jamenei Jr. no es Delcy sino Kim Jong Un. Un clérigo crecido a la sombra de su padre y muy cercano a la Guardia Revolucionaría Iraní, el eje vertebrador de la República Islámica. La elección del nuevo líder supremo ha enfriado, también, los deseos de un cambio de régimen. Incluso si EE UU e Israel logran derrocar al nuevo líder supremo, (sabemos que está herido, que probablemente lo fue durante el mismo ataque en el que murió su padre), parece lejano que Trump pueda tener un papel en la decisión del liderazgo de Irán. No es que no existan clérigos pragmáticos sino que es difícil que asciendan en plena escalada bélica. Por si fuera poco, el propio presidente estadounidense ha reconocido que «la mayoría de las personas que teníamos en mente han muerto» en los bombardeos, en una puntualización digna de Gila. La Casa Blanca, además, ha mostrado poco entusiasmo por las aspiraciones de Reza Pahlavi, el hijo del ex Sha, exiliado en Estados Unidos, como ha despreciado también la candidatura de María Corina Machado, a pesar de que la oposición democrática ganó las elecciones de 2024, que robó Maduro.
Como explica el investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Jeremy Shapiro, la estrategia estadounidense en Venezuela no persigue un «cambio de régimen» sino una «alteración de régimen». Trump no está interesado en la exportación de la democracia que considera una pérdida de tiempo y dinero. Quiere instalar un líder que esté en la órbita de Estados Unidos y punto. Esta estrategia ignora a los movimientos pro democráticos internos y se centra en las recompensas geopolíticas y comerciales rápidas. Venezuela, por ejemplo, ha pasado de ser un estrecho colaborador de Rusia, China e Irán a estar controlado por Estados Unidos. Misión cumplida. Esto parece imposible o extremadamente costoso en Irán. Entonces, ¿qué va a hacer Trump?
Es difícil anticiparse al presidente, pero tiene dos alternativas: finalizar o escalar el conflicto. Con el precio del petróleo disparado por el cierre del estrecho de Ormuz y las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina apostaría porque evitará más riesgos. La indefinición de los objetivos de la guerra le permite, además, declarar victoria aludiendo a la destrucción de las capacidades nucleares y convencionales del régimen iraní. El tiempo dirá si deja un Oriente Medio más estable o caótico.
