Ceuta, el Titanic del sanchismo
Hay una cierta justicia poética al comprobar que es una ciudad autónoma despreciada por La Moncloa la que provoque el hundimiento de su inquilino temporal. Ceuta y Melilla le resultan muy incómodas en todos los sentidos. En primer lugar, sus presidentes son del PP y el PSOE obtiene tradicionalmente unos malos resultados en las urnas. A esto hay que añadir que están llenas de militares y sus familias, que tampoco le gustan porque es bastante impopular, aunque se lo ha ganado a pulso, y, además, votan mayoritariamente al PP y Vox. Finalmente, no le importaría, pero no puede, regalarlas a Marruecos, porque así se libraría de muchos problemas. Ahora son un incordio. Es algo que hemos podido comprobar con la pésima gestión de su Gobierno. Lo ha hecho tan mal que ha conseguido superarse, aunque nadie asume ninguna responsabilidad. Me pregunto muchas veces qué tendría que suceder para que un ministro sanchista tuviera que dimitir. Lo pudimos comprobar con el caradura de Óscar Puente que no hizo ningún amago de renunciar tras la tragedia ferroviaria de Adamuz. Está tan contento consigo mismo que conspira para suceder a Sánchez.
Mis padres me enseñaron que nunca hay que fiarse de la gente que te declara su fidelidad y lealtad o de aquellos que alardean de su bondad o honradez. Todo el mundo conoce la famosa devotio ibérica. A veces pienso que debe estar en el ADN de los españoles, porque hay una tendencia en la política o en las empresas a recuperar modernizado este juramento de fidelidad de los íberos hacía al líder........
