Nadie sabe lo que tiene hasta…
De las cosas que más me gustan de los gringos es que oran y agradecen antes de comer. Aquí casi nunca lo hacemos. Nos sentamos y comemos como si fuera obvio; como si la comida siempre estuviera ahí.Hace 17 meses publiqué una columna titulada “A nadie dar por sentado”. Hoy, con un poco más de vida encima —y también de golpes—, creo que me quedé corto. No es solo a nadie. Es nada. Nada deberíamos dar por sentado.Ni el techo que nos cubre, ni la comida que llega, ni el cuerpo que hoy responde. Se trata de valorar, más que de analizar costos. De disfrutar, más que de dudar si lo que tenemos cumple con las expectativas que nos brotan en las comparaciones odiosas.Epicuro sostenía que el placer más profundo no es el que se persigue con ansia, sino el que se aquieta: ausencia de dolor en el cuerpo, ausencia de angustia en el alma. Lo llamó aponia y ataraxia. Paz.........
