Mientras temblaba
Ceci Arango hizo una pregunta peligrosa: ¿y si dejamos la torre de la Catedral así?
Desde que la leí tengo otra.
¿Por qué una torre incompleta recuerda mejor que una torre perfecta?
Al ser humano le gustan las cosas en su sitio. Enderezamos un cuadro, aunque no sea nuestro. Alineamos las sillas. Nos molesta una baldosa torcida. Si una Catedral tiene dos torres, y una pierde una parte, el ojo protesta antes que el arquitecto.
La simetría tranquiliza.
Tiene además una ventaja formidable: ayuda a olvidar.
Si reconstruimos perfectamente la torre -misma forma, mismo color, misma apariencia- dentro de algunos años será difícil saber que allí ocurrió algo.
Habremos vencido al terremoto. O a la memoria. No sé cuál de los dos nos incomoda más.
Porque recordamos muchas cosas precisamente porque algo quedó mal.
Una cicatriz. Una silla vacía. Una fotografía incompleta. Una torre que ya no se parece a la otra.
La anomalía hace algo que la perfección rara vez consigue: pregunta. ¿Qué pasó ahí? Y mientras alguien haga la pregunta, alguien tendrá que contar la historia.
Por eso la idea de Ceci me interesa mucho más allá de la Catedral. No sé si debemos dejar la torre así. Para eso están los ingenieros, los arquitectos y las autoridades de patrimonio; estas últimas especialmente entrenadas para........
