Para el uso de pisca-pizca, numerales, que (pronombre)
Adán, aprovechando que el Señor bajaba todos los domingos a ‘darle vuelta a la finca’, llamada el ‘Paraíso’, se le acercó uno de esos días y le hizo la siguiente solicitud: “Pues era que yo le iba a decir que... que me diera a mí también una compañerita. Ya ve que el tigre tiene su tigra, el hipopótamo su hipopótama, el rinoceronte su rinoceronta, el mamut su mamuta* (...) y hasta el pisco tiene su ‘pisca’. El único que está aquí varado soy yo” (Rafael Arango Villegas, ‘Cómo narraba la Historia Sagrada el maestro Feliciano Ríos’). La palabra ‘pisco’ es un colombianismo por ‘pavo’. Su femenino, obviamente, es ‘pisca’, que no debe confundirse con ‘pizca’, como lo hizo el columnista Hernando Arango Monedero en esta frase: “...y si hubiera una pisca de amor por la tierra...” (Eje 21, 19/3/2026). “...una pizca de amor...”, es decir, ‘siquiera un poquito’, pues ‘pizca’ es ‘una porción mínima de algo’, por ejemplo, ‘una pizca de sal’. Tiene que ver, según los que saben, con ‘pellizco’, ya que ‘pizco’, además de significar lo mismo que ‘pizca’, quiere decir ‘pellizco’. *Nota: el femenino castizo de estos animales se forma añadiéndoles la palabra ‘hembra’: ‘hipopótamo hembra’...
Por estos días (18/3/2026), me informa el lector José Albeiro Marín, la Cooperativa de Institutores de Caldas (CIDECAL) está transmitiendo un mensaje por Caracol (101.7 FM) con el que invitan a la "setenta y sieteava reunión...". Y agrega que, a pesar de haberse comunicado con uno de sus representantes, no corrigieron el evidente error. Si los ‘institutores’ no saben, ¿quién enseñará? Porque son diferentes los numerales partitivos de los ordinales, los apropiados en este caso: “septuagésima séptima reunión”, ya que los ‘números ordinales’ expresan el lugar que ocupan las cosas en una serie (‘el duodécimo piso’); los ‘partitivos’ designan partes de un todo (‘Pacho recibió la doceava parte de la herencia’). Esta desinencia, ‘-avo-a’, se aplica únicamente desde el número ‘once’ en adelante: ‘onceavo, doceavo, veinteavo...’. Para los diez primeros, el ‘ordinal’ hace también las veces de ‘partitivo’: ‘la octava parte del programa’.
El pronombre relativo ‘que’ puede desempeñar diferentes oficios en la oración, de sujeto, por ejemplo, o de complemento. En la siguiente sentencia hace las veces de complemento indirecto, pero está mal expresado: “Hay gente que para apoyarla, hay que dejar de ayudarla” (LA PATRIA, sentencia en la página del crucigrama, 21/3/2026). Y está mal expresado, porque, precisamente, le falta la preposición ‘a’, que lo introduce: “Hay gente a la que...”, porque, sin esa preposición, el pronombre pierde su naturaleza, es decir, se queda sin oficio en la oración. Además, así redactada, a esa sentencia le sobra la coma después de ‘apoyarla’, circunstancia que no es de extrañar, puesto que es una de las características de la forma como redacta el autor de esas sentencias, como en éstas: “Los verdaderos recuerdos, no están en las fotos” (Ibídem, 25/3/2026); “Estar solo nada tiene que ver, con cuantas personas hay a tu alrededor” (24/3/2026). En la primera, con la coma, separa el sujeto de su verbo; en la segunda, con ella, separa el verbo de su complemento.
En su artículo ‘El liderazgo público de la mujeres’, el columnista Marco Antonio Londoño Zuluaga, al comparar el número actual de gobernadoras con el de años anteriores, dice que ha habido un avance, “pero todavía lejano a un escenario de equidad” (LA PATRIA, 24/3/2026). Castizamente, “...lejano de un escenario...”, porque ese ‘escenario’ es el punto de ‘origen’ de esa distancia, no del ‘término’. No decimos ‘lejos a’, sino ‘lejos de’. Elemental.
