Consejos para el empleo de las palabras susceptible, restar, cuyo-a, bahareque
El adjetivo latino ‘susceptibilis-e’ (‘que puede recibir, capaz’) viene del verbo ‘suscipere’ (‘tomar, coger por debajo, impedir que venga abajo’). Son éstas las raíces de nuestro adjetivo ‘susceptible’, que la Academia de la Lengua define así: “Capaz de recibir modificación o impresión. // 2. Quisquilloso, picajoso”. Y ‘quisquilloso’ es aquel que se ofende fácilmente, y casi siempre por ‘pequeñeces’ (‘quisquillas’, cosas sin importancia). Con cualquiera de estos significados rige la preposición ‘de’. Contraviniendo esta norma, el columnista Santiago Villegas Yepes redactó así: “...los proyectos de los sectores de minas y energía que se establecen en áreas rurales resultan especialmente susceptibles a enfrentar este tipo de fenómenos” (LA PATRIA, 16/4/2026). De acuerdo con lo antes anotado, “...son especialmente susceptibles de enfrentar...”, es decir, ‘tienen la capacidad de recibir...’, lo que indica ‘procedencia’, complemento circunstancial que debe ser introducido por la preposición ‘de’. Otros sinónimos, ‘apto, dispuesto; irascible, puntilloso, delicado, melindroso’.
Un pie de foto de LA PATRIA dice así: “El proyecto debía terminar en febrero (...). Restan acabados, zonas verdes y limpieza general” (primera página, La Enea espera las mascotas, 19/4/2026). Como una de las operaciones de la aritmética es la ‘resta’, y ésta significa ‘quitar un número de otro’, pregunta un lector si el verbo ‘restar’ está bien empleado en esa frase. Sí, porque ‘restar’ (del latín ‘restare’, -‘detenerse, quedarse, oponerse; reparar; quedar’) quiere decir ‘existir todavía algo de determinada cosa’, como en la muestra analizada. Con el sentido de ‘quitar algo de algo’ se emplea sólo con cosas inmateriales, por ejemplo, ‘su inseguridad le restó fuerza a su decisión’. Significa también ‘faltar algo por hacer’ o ‘tiempo para la conclusión de alguna cosa’: ‘restan todavía cuatro meses de este (des)gobierno’. Además, en la misma cita el verbo ‘terminar’ está mal usado, puesto que en esa oración es pronominal, por lo que debió ser construido así: “...debía terminarse en febrero”. Sin el pronombre ‘se’ (reflexivo), el verbo es ‘transitivo’ (pide complemento directo). De este error gramatical es víctima frecuente el verbo ‘iniciar’, por ejemplo, ‘las festividades iniciaron en junio’, en lugar de ‘se iniciaron en junio’. Como debe ser.
‘Cuyo-a’ (del latín ‘cuius-a-um’) es un adjetivo relativo en caso genitivo, que expresa ‘posesión’. Un destacado de LA PATRIA lo emplea incorrectamente en la siguiente información: “Los alumnos pasan por una estructura en guadua sobre la quebrada Diostedé, cuya caudal amenaza sobre todo en invierno” (Puente inseguro, 21/4/2026). Incorrectamente, porque, como adjetivo, debe concordar en género con el objeto poseído, no con su antecedente, de este modo: “...sobre la quebrada Diostedé, cuyo caudal...”. Y, por supuesto, concuerda también en número con el sustantivo correspondiente, verbigracia, ‘nos bañábamos en el río San Eugenio, cuyas aguas eran cristalinas’.
“En Manizales se está hablando de este material...”, informa LA PATRIA en primera página (21/4/2026). Un amigo me dice que el ‘bahareque’, al que se refiere el periódico, no es un material, sino un estilo de construcción. Como es una palabra muy de nosotros, la busqué en el Diccionario de colombianismos del Instituto Caro y Cuervo, y esto encontré: “Bareque. Material elaborado con barro y paja que se usa para rellenar y dar consistencia a una estructura de palos entretejidos, utilizados en la construcción, especialmente de paredes de casas rústicas”. De mi infancia recuerdo que, en lugar de ‘palos entretejidos’, empleaban la ‘esterilla’, hecha de guadua con la hachuela y mucha paciencia, y, en vez de barro, usaban el ‘cagajón’, excremento de las caballerías, especialmente para la reparación del revoque de las paredes.
