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Cuando la verdad no cabe en una máquina

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13.09.2026

El polígrafo suele presentarse como un “detector de mentiras”. La imagen es conocida: una persona se sienta frente a un examinador, le conectan sensores al cuerpo y responde preguntas mientras una máquina registra su respiración, pulso, presión arterial y sudoración. Parece un procedimiento técnico, objetivo e infalible. Sin embargo, detrás de los cables hay una persona; y detrás de cada respuesta puede haber miedo, ansiedad, cansancio, vergüenza o temor a perder el empleo, la reputación o la libertad.Por eso resulta peligroso confundir una reacción corporal con una prueba de culpabilidad. El polígrafo no lee pensamientos, no reconstruye hechos ni determina si alguien está diciendo la verdad. En Colombia, la regla es especialmente clara en materia penal: el polígrafo no constituye una prueba admisible para demostrar que alguien cometió un delito.La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema........

© La Patria