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El engaño del tanque: despierta o te devoran, por José Gerbasi

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Hay una historia japonesa que se cuenta en voz baja, casi como un secreto de supervivencia, sobre el dilema del pescado fresco. Los barcos iban mar adentro, pero el viaje de vuelta era tan largo que el pescado perdía la vida, la gracia y el sabor antes de tocar puerto. Lo congelaron, pero perdió el alma; lo metieron en tanques quietos, pero el encierro y la modorra lo volvieron insípido, estático, inerte. Hasta que a alguien, en un destello de locura brillante, se le ocurrió una solución perfecta y despiadada: meter un tiburón pequeño en el tanque.

El tiburón se comía a alguno, sí, pero obligaba al resto a nadar sin descanso, a latir con fuerza, a mantenerse alerta cada segundo para sobrevivir. Y así, el pescado llegaba a la costa más vivo, más fresco y con más brío que nunca. El secreto no era evitar al depredador; el secreto era el movimiento constante que el depredador provocaba.

Y ahí es donde la historia se cruza descarnadamente con nuestra realidad en Venezuela. Con los que estamos aquí, bregando todos los días por........

© La Patilla