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¿A qué huele tu infancia?

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25.07.2026

Olfato, oler, niño, flores campo, cesped / FLICKR/JUHANSONIN/CCBY - Archivo

Hay cosas que llegan sin pedir permiso. Basta con abrir la puerta de casa al caer la tarde. O pasear por un camino entre rastrojos. De repente aparece ese olor a paja recién cortada, a tierra caliente, a tomillo seco, a higuera o a un campo que lleva horas recibiendo el sol de julio. Y, sin saber muy bien cómo, uno deja de tener la edad que marca el DNI.

Vuelve a ser un niño. Siempre me ha llamado la atención la fuerza que tienen los olores. Una fotografía puede hacernos recordar un momento. Una canción puede despertar una emoción. Pero un olor... un olor tiene algo distinto. No parece un recuerdo. Parece un viaje.

Y, curiosamente, la ciencia sabe bastante bien por qué ocurre. De todos nuestros sentidos, el olfato es el único que tiene una conexión casi directa con las regiones del cerebro encargadas de las emociones y de la memoria. Mientras la información visual o auditiva hace varias "paradas" antes de llegar a esas zonas, los estímulos olfativos toman un camino mucho más corto. Alcanzan con rapidez........

© La Opinión de Zamora