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Tres revoluciones que cambiaron el mundo y las reglas de la riqueza

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30.09.2026

La historia económica tiene momentos en los que el mundo deja de avanzar poco a poco y empieza a caminar a otra velocidad. Son periodos en los que una tecnología modifica la forma de producir, de trabajar y de generar riqueza hasta el punto de que, cuando termina la transformación, la sociedad que existía antes parece pertenecer a otro tiempo. En los últimos tres siglos pueden identificarse tres grandes revoluciones de ese tipo: la industrial, la de Internet y la actual revolución de la inteligencia artificial. Son distintas, pero tienen un mismo hilo conductor que las une. Las tres han hecho posible que una persona, una empresa o una economía puedan producir mucho más con los mismos recursos.

La primera fue la revolución industrial. Comenzó en Gran Bretaña durante el siglo XVIII y se extendió posteriormente por Europa y Estados Unidos. La máquina de vapor, la mecanización de la industria textil, el ferrocarril y, más adelante, la electricidad cambiaron para siempre una economía basada fundamentalmente en la agricultura, el trabajo artesanal y la fuerza física. La fábrica sustituyó progresivamente al pequeño taller y las máquinas multiplicaron la capacidad productiva. Un trabajo que antes requería el esfuerzo de muchas personas podía realizarse con una fracción de ese tiempo y de ese coste.

Las consecuencias económicas fueron enormes. Crecieron las ciudades, apareció una nueva clase industrial, aumentó el comercio y el capital adquirió un protagonismo desconocido hasta entonces. También surgieron desigualdades, conflictos laborales y profundas transformaciones sociales. Pero, sobre todo, apareció el crecimiento económico sostenido, algo que hasta entonces había sido excepcional en la historia humana. La riqueza dejó de depender exclusivamente de la cantidad de tierra disponible o de las horas de trabajo de una persona, empezando a depender de la capacidad de multiplicar la productividad mediante el capital y la tecnología.

Casi dos siglos después llegó Internet y volvió a cambiar las reglas. Si la revolución industrial permitió mover mercancías a una velocidad desconocida, Internet permitió mover información prácticamente a la........

© La Opinión de Zamora