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¡¡Brrrruuuummmm!!

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El Puente de los Peligros en 1957. / Archivo TLM

Murcia es una ciudad ruidosa, y lo es mucho más al regreso de las vacaciones. Algún tubo de escape libre, el altavoz del tapicero y, en algunos pueblos, el anuncio de los muertos del día a los cuatro vientos, llegan a ser los principales sonidos desdeñables del verano.

Ansiedad, angustia, estrés, dolores de cabeza. El ruido es el culpable que se une a la depresión posvacacional.

"El ruido es la forma de contaminación más urbana y afecta a la salud como a la calidad de vida". Sin duda, todos los ruidos urbanos producen irritación y mal humor en la mayoría de las personas, lo que puede significar que nuestros ancestros y mayores gozaran de mejor carácter. Vivir o transitar, por ejemplo, en la murciana Gran Vía, produce cierto desconcierto entre los que regresan de su veraneo en lugares apacibles, donde la naturaleza emite sus sonidos relajantes como el canto de los gallos al amanecer, el maullido y ladrido de perros y gatos o el sonido del viento en las ramas de los árboles, sonidos entrañables que ayudan a la paz del espíritu y del cuerpo. Nada que ver con el sonido desagradable de la circulación vial en zonas urbanas. El........

© La Opinión de Murcia