¿Y los hombres, qué?
Llevamos más de dos siglos de feminismo y todavía, aún, esperamos a los hombres. Una conferenciante describe el heteropesimismo, consecuencia del abismo que se ha abierto entre hombres y mujeres a causa de distintas brechas; en formación, -las primeras se gradúan más que ellos-, en ideología -ellas votan a partidos progresistas y ellos a ultraderecha-, en responsabilidades compartidas. Describe el heteropesimismo y bromea, ellas los quieren ya educados, no cazurros; así califica esa testarudez masculina que les impide aprender. Acto seguido, su compañero de mesa, el hombre progresista que habla a continuación, se refiere sin nombrarla a que si hablamos así de los hombres, ¿cómo van ellos a cambiar? En un primer momento incluso parece una observación adecuada… pero si la analizamos mejor observamos una respuesta típica de los hombres patriarcales.
En primer lugar, no advertir el humor. Algunos hombres de la sala y casi todas las mujeres rieron la broma de la conferenciante, él no. En segundo lugar, su observación volvía a poner el dedo acusador sobre las mujeres, exactamente el mismo procedimiento que utilizan los hombres de quienes ellas se alejan, como los incels, como los miembros de la machosfera: si no consiguen ligar o progresar como ellos quieren, la culpa es de ellas. Resentimiento. No se trata de que yo no pueda alcanzarlas, es que las uvas deseadas están verdes. Ningún ejercicio de autorreflexión, de introspección desprejuiciada. Si ellas los llaman cazurros, los chicos de los institutos seguirán votando a la derecha; pues es preciso ponerse en su lugar,........
