Nueva York y el mundo perdido
Esta reunión anual de la ONU, en el corazón neoyorkino, tiene algo de adiós a un mundo que hace ya tiempo que empezó a fenecer. El mundo de las instituciones y los acuerdos, de las organizaciones que buscaban una acción común e incluso solidaria, que entendían, al menos en parte, la bondad de la diplomacia. Se diría que todo eso se ha evaporado a gran velocidad, con el aumento de los liderazgos autoritarios y la nueva geoestrategia, que apuesta más por las áreas de influencia, la vigilancia extrema y la fricción fronteriza, real o impostada, que por cualquier forma de entendimiento. La muerte del multilateralismo parece un hecho, o, al menos, su extrema debilidad. Las propias Naciones Unidas llevan tiempo sometidas a una mezcla de presiones y desprecios por parte de los que en gran medida soportaban sus cimientos.
Es un asunto grave, porque si algo necesitamos es mejorar el trabajo conjunto y no potenciar la división. Trump, cómo no volver a Trump, propició el desmantelamiento o casi de lo que él entiende como organizaciones que limitan el poder de decisión de los Estados Unidos (a pesar del derecho de veto, que parece obsoleto). El regreso del poder a las naciones, que está en la órbita del pensamiento ultraconservador mundial, implica, por tanto,........
