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Keiko Fujimori promete orden, no reconciliación

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02.09.2026

Los centros de votación llevaban poco tiempo abiertos cuando Keiko Fujimori llegó al cementerio junto a su hermana menor y sus hijas adolescentes. Vestidas todas de manera uniforme, con blusas blancas almidonadas y jeans lavados en azul, avanzaron por el césped, cada una con un ramo de rosas y claveles. Las mujeres de mayor edad se arrodillaron ante la tumba de su madre y colocaron las flores de un rosa pálido en un jarrón. Con la cabeza inclinada, permanecieron así un breve momento. Luego, tomadas de la mano, caminaron otros veinte pasos entre las lápidas. Para su padre Alberto, que fue presidente peruano entre 1990 y 2000, Keiko había traído un arreglo floral en los colores nacionales, rojo y blanco. Encabezó una oración familiar antes de darse vuelta para sonreír hacia los periodistas. Más tarde ese día, emitió su voto en una elección presidencial en la que, a su cuarto intento, ganó el cargo más alto del país.

La visita de Keiko a las tumbas de sus padres fue una suerte de respuesta tardía a los detractores de Alberto Fujimori, quienes se burlaban de un presidente sin ancestros enterrados en suelo peruano. Fujimori era apenas el hijo de migrantes japoneses cuando irrumpió en la escena política tras su primera elección en 1990. Su apellido no tenía precedente ni significado. Poco después de llegar a Perú en la década de 1930, el padre de Alberto había adoptado un nuevo nombre. Fujimori se traduce, de manera aproximada, como «madera de glicina». Fue una elección acertada. Con el tiempo abriría una floristería en su país de adopción, donde Alberto trabajó de adolescente, entregando en bicicleta espectaculares composiciones florales en las mansiones modernistas de Lima. Desde sus humildes orígenes, Fujimori ascendió lejos y rápido. Más lejos aún llegaría su caída: en 2009 fue condenado a veinticinco años de prisión por abusos a los DDHH y corrupción.

Ahora los huesos de los Fujimori yacen en las profundidades de la tierra andina. Aun así, el linaje de Keiko sigue siendo, sin duda, motivo de controversia. Durante dos generaciones, los peruanos siguieron las elaboradas tramas de dramáticas disputas familiares, comenzando por la pelea entre su padre Alberto y su madre Susana Higuchi, quien también formaba parte de la comunidad japonesa. Su conflicto, ampliamente difundido, salió a la luz en 1992, cuando Higuchi acusó a la familia de su marido de apropiarse indebidamente de donaciones benéficas enviadas desde Japón. Keiko apareció por primera vez ante la opinión pública durante el amargo divorcio de sus padres: cuando tenía apenas diecinueve años, su padre, en su calidad de presidente, la invitó a reemplazar a su madre como primera dama. Empresaria exitosa y dos veces congresista, Higuchi también aspiraría a la presidencia, aunque sus ambiciones fueron sofocadas por una campaña vengativa orquestada por su exmarido para bloquear su candidatura. Ella respondió afirmando que había sido torturada por orden de Fujimori. La........

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