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Irán y su resistencia como victoria

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08.03.2026

La nueva guerra contra Irán no es nueva y no es solo contra Irán. El monstruo, enloquecido por la impunidad y la sangre, no se detendrá por sí mismo. La verdadera dimensión del mal que va por nosotros supera la capacidad de nuestra imaginación. Esperar a llegar a algún acuerdo con él es una locura o una traición.

La pregunta es una sola: ¿todas las demás víctimas que inevitablemente seguirán a Irán harán algo o esperarán pacientemente su turno para convertirse en polvo y cenizas? Es importante comprender que detrás de los misiles de EEUU e Israel actúa toda una civilización que durante décadas se nos ha impuesto como un referente de valores humanistas. Es precisamente esta civilización la que ha creado una cultura de ignorancia, una simbiosis entre el culto al poder y el desprecio por la vida, con su muy peculiar sentido del humor basado en el mal de los otros, como por ejemplo que se ríen cuando alguien tropieza y cae.

Vemos cómo los visitantes de las fiestas de Epstein con sus amigos y socios, ante los ojos del mundo entero, con saña y carcajadas de enfermos mentales, violan un país tras otro, mientras que los demás gobiernos guardan un silencio cómplice, eligiendo la guerra y la vergüenza.

Para las multitudes que, gracias a la democracia digital, están a punto de perder la capacidad de distinguir entre Epstein y Einstein, hablar de memoria histórica o ética es una tarea bastante ingrata. Para mantener a flote la esperanza, necesitamos anclas internas de mucho peso. Por eso el sistema con tanta insistencia intenta sintonizarnos con frecuencias de vulgaridad y estupidez para impedir que nuestra mirada se fije en las verdades prohibidas, capaces de cambiar el mundo.

El panorama actual es el reflejo del sol negro de esta civilización que se inclina hacia el ocaso. Para salvar la diversidad de colores, matices, sombras, notas, letras y figuras, debemos comprender que hay momentos en la historia en los que solo nos quedan dos colores: el blanco y el negro. La vida y la muerte, la luz y la oscuridad, y cualquier ilusión de ubicarnos "fuera de esto" es una trampa.

Occidente tiene la obsesión de mostrar coquetamente a los demás que sus crímenes son relativos, lo que debe suponer que cualquier lucha contra ellos es totalmente opcional. Por eso, la fábrica de su pseudoarte........

© La Haine