1936: la revolución que pudo cambiarlo todo y no llegó a conquistar el poder
La Guerra Civil española suele presentarse como el enfrentamiento entre la República y el levantamiento militar de julio de 1936. Sin embargo esa interpretación resulta insuficiente para comprender lo que realmente ocurrió. El golpe militar no desencadenó únicamente una guerra: desencadenó también una revolución social, y precisamente en esa revolución, en sus conquistas, sus contradicciones y finalmente en su derrota, se encuentra una de las claves fundamentales para entender la experiencia española de 1936.
Cuando el levantamiento militar fracasó en buena parte del territorio republicano, se produjo un vacío de poder que fue ocupado por los trabajadores organizados. Allí donde las instituciones quedaron paralizadas, fueron las organizaciones obreras quienes tomaron las calles, organizaron la defensa y comenzaron a hacerse cargo de actividades que hasta entonces estaban bajo el control de empresarios y autoridades. La revolución dejó así de ser una aspiración para convertirse en una realidad concreta.
Fábricas, talleres, transportes, servicios y explotaciones agrícolas comenzaron a ser gestionados por los propios trabajadores. En numerosas zonas se desarrollaron colectividades y formas de organización económica que cuestionaban directamente la propiedad capitalista. No se trataba simplemente de sustituir al propietario privado por un funcionario estatal.
La aspiración revolucionaria era diferente: que quienes trabajaban fueran también quienes decidieran sobre la producción y sobre la organización económica.
La aspiración revolucionaria era diferente: que quienes trabajaban fueran también quienes decidieran sobre la producción y sobre la organización económica.
La transformación alcanzó mucho más allá de las fábricas. Afectó al transporte, al abastecimiento, a la educación, a la sanidad y a otros servicios públicos. Al mismo tiempo, las milicias obreras asumieron buena parte de la defensa frente a los militares sublevados. Durante un breve periodo, la revolución se convirtió en una experiencia concreta de reorganización de la sociedad, demostrando que era posible poner en cuestión las estructuras económicas y políticas existentes y construir formas alternativas de organización desde abajo.
Pero desde el principio apareció una contradicción decisiva. El campo republicano debía enfrentarse a un ejército sublevado respaldado por fuerzas fascistas extranjeras, pero al mismo tiempo se había producido una revolución que cuestionaba las estructuras sociales existentes. La cuestión era inevitable: ¿había que detener la revolución para concentrar todas las fuerzas en ganar la guerra o, por el contrario, era precisamente la revolución la que podía proporcionar la fuerza necesaria para derrotar al fascismo?
Desde la perspectiva revolucionaria que plantea el vídeo, ambas luchas eran inseparables. La guerra contra Franco no podía separarse de la transformación social porque los trabajadores no estaban luchando únicamente por restaurar el orden republicano anterior al golpe. Estaban luchando también por defender las nuevas conquistas que habían creado. Pedirles que abandonaran sus transformaciones sociales para regresar al viejo orden significaba debilitar precisamente el proceso que había permitido frenar inicialmente el levantamiento militar.
La guerra debía ser también una revolución y la revolución debía ser capaz de ganar la guerra.
La guerra debía ser también una revolución y la revolución debía ser capaz de ganar la guerra.
En esta contradicción aparece uno de los problemas fundamentales de la CNT y la FAI. Ambas organizaciones disponían de una enorme fuerza social, especialmente en Cataluña. Sus militantes habían participado decisivamente en la derrota del levantamiento militar en Barcelona y habían contribuido a crear las nuevas estructuras de poder surgidas después de julio. Sin........
