Brasil condena a un dirigente sindical por solidaridad con Palestina: el lawfare llega al movimiento obrero
La condena a José Maria de Almeida, veterano líder del PSTU y CSP-Conlutas, marca una nueva fase en la criminalización del internacionalismo obrero y la solidaridad con Palestina, utilizando la lucha contra el antisemitismo como ariete legal.
El 28 de abril, un tribunal federal de São Paulo condenó a dos años de prisión a José Maria de Almeida, conocido como Zé Maria, dirigente histórico del movimiento sindical brasileño y presidente del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU). Su delito: pronunciar, en un acto de solidaridad con Palestina, la consigna «Palestina libre, del río al mar» y denunciar al Estado israelí como responsable de un genocidio.
La denuncia fue presentada por la Confederación Israelita de Brasil (CONIB) y la Federación Israelita del Estado de São Paulo (FISESP), que calificaron sus palabras de antisemitas. El tribunal aceptó el argumento, equiparando la crítica al sionismo con un ataque al pueblo judío. Puede consultarse el texto íntegro de la sentencia aquí.
Un dirigente forjado en la lucha de clases
Zé Maria no es un activista cualquiera. Su vida es un compendio de la historia del movimiento obrero brasileño de las últimas cinco décadas. Nacido en 1957 en el seno de una familia obrera, empezó a trabajar como metalúrgico aún siendo adolescente. En 1977, con solo veinte años, fue detenido por primera vez por distribuir panfletos del Primero de Mayo durante la dictadura militar brasileña. Tres años después, en 1980, volvió a ser arrestado en el contexto de las históricas huelgas del ABC paulista, aquellas enormes movilizaciones de los trabajadores del automóvil que encabezó un joven sindicalista llamado Luiz Inácio Lula da Silva. Zé Maria compartió piquetes, asambleas y calabozos con Lula en aquellos años fundacionales.
Fue cofundador del Partido de los Trabajadores (PT) y de la Central Única de Trabajadores (CUT), las dos grandes instituciones que canalizaron la rebelión obrera contra la dictadura y dieron forma a la izquierda institucional brasileña. En 1988, lideró la huelga de Mannesmann, una de las más radicales de aquel período: los trabajadores ocuparon la fábrica y mantuvieron la producción bajo su propio control, una experiencia de autogestión obrera que marcó su trayectoria.
Pero el giro del PT hacia las alianzas con el gran capital, los gobiernos de coalición y la gestión neoliberal de lo público —primero con Lula, después con Dilma Rousseff— llevó a Zé Maria a romper con su antiguo partido. A mediados de los noventa fundó el PSTU y más tarde CSP-Conlutas, una federación sindical que hoy representa a más de dos millones de trabajadores y trabajadoras en Brasil. Su línea política se resume en tres principios: independencia de los gobiernos —sea cual sea su signo—, combate intransigente a la explotación capitalista e internacionalismo de clase, es decir, la convicción de que la lucha de los trabajadores no entiende de fronteras y debe solidarizarse activamente con todos los pueblos oprimidos, empezando por el palestino. Como él mismo ha reiterado en numerosas ocasiones: «El internacionalismo no es una opción decorativa para el movimiento obrero. Es la condición misma de su existencia como sujeto anticapitalista».
Criminalizar la solidaridad internacional: la Flotilla de la Libertad y el caso de Saif
La condena a Zé Maria no es un hecho aislado ni un desbordamiento judicial. Forma parte de una ofensiva global para criminalizar cualquier forma de solidaridad activa con el pueblo palestino. Una de las expresiones más brutales de esta ofensiva ha sido la represión contra la Flotilla de la Libertad, una iniciativa internacional impulsada por movimientos sociales, sindicatos y organizaciones de derechos humanos para romper el bloqueo criminal sobre Gaza y llevar ayuda humanitaria por mar.
En mayo de 2026, cuando se preparaba una nueva flotilla para desafiar........
