A los 40: afectos, límites y amor propio
Una de las partes más maravillosas de llegar a los 40 años es la capacidad de reflexionar
acerca del lugar que ocupan nuestros afectos en nuestra propia vida, de reconocer cuánto
de positivo pueden aportar y también qué podemos aportar nosotros a ellos.
A veces cuesta mucho poner límites y decir basta. Sin embargo, ese acto también
representa un entendimiento de cómo cambia nuestra percepción de la vida al llegar al
llamado cuarto piso: qué esperamos de ella y cómo queremos recorrer esta nueva etapa.
Poner límites no significa convertirse en una persona despiadada. Por el contrario, es una
forma de autocuidado que todos merecemos. Cuidarnos es también hacer una pausa para
reflexionar sobre qué papel juega cada persona a la que consideramos un afecto, cuál es
su aporte positivo en este momento y de qué manera puede acompañarnos en........
