Dos estrellas y una España
España campeona del mundo, así lo celebraron los jugadores en el campo
Qué gozo el de volver, dieciséis años después, a sentir esa descarga de adrenalina que nos eleva por encima de nuestras trivialidades cotidianas. La que ha colocado a un país entero en lo más alto cuando hacía demasiado tiempo que nuestro nombre apenas ocupaba titulares por la corrupción, por la constante pugna con Estados Unidos o por los incendios que devoran cada verano nuestro paisaje. Entre tanta crispación, tanta polarización y tanto ruido político —desde los rifirrafes del Congreso hasta las guerras que siguen desangrando Ucrania y Oriente Próximo—, el fútbol ha vuelto a regalarnos un respiro.
Recuerdo vivir aquel apoteósico final de Países Bajos 0-España 1 con el gol de Iniesta en el minuto 116 en Múnich y pensar: "Qué orgullo de país". Pero, al mismo tiempo, me preguntaba inocentemente por qué todo el mundo lloraba, se besaba, abrazaba y salía a la calle como si acabáramos de conquistar la independencia o de ganar una guerra. Quizá mi corta edad me impedía comprender que noches como esta trascienden el deporte. No celebramos únicamente un título; celebramos la posibilidad de reconocernos los unos en los otros y que por un momento, aquello que siempre nos ha diferenciado, no es tan importante como el sentimiento que nos une.
Anoche nos fuimos a dormir con una sensación que parecía olvidada: la esperanza. La certeza de........
