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El herrero y la dama fugaz

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16.08.2026

El herrero y la dama fugaz

En el corazón de un pueblo ruidoso vivía un herrero llamado Beltrán, conocido por su fuerza y la calidad de su acero, pero también por su alma dubitativa. Su fragua ardía día y noche, testimonio fiel de su dedicación; sin embargo, Beltrán esperaba demasiado. «Un instante más de calor», se decía, «y la pieza será perfecta». Pero en ese instante, el brillo anaranjado del hierro se desvanecía a un rojo opaco, y el metal, que antes era dócil y obediente, se volvía terco y quebradizo. La perfección se enfría en el yunque con la misma rapidez con la que se evapora la buena suerte.

Una tarde, mientras el sol se derramaba como miel fundida por la ventana de la fragua, Beltrán sacó del fuego una pieza de hierro que brillaba con la intensidad de una estrella recién encendida. Era el momento exacto, el instante supremo para golpear. Levantó su pesado martillo con los músculos en tensión.

Pero justo cuando iba a descargar el golpe, una extraña quietud cayó sobre la........

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