¿Y si estamos hablando demasiado mal de una juventud que también está cambiando el mundo?
Dos jóvenes pasean por Barcelona, este verano. / Ferran Nadeu
Al leer estos días una noticia sobre jóvenes que van a dedicar parte de sus vacaciones a entregarse a los demás, a acompañar a personas vulnerables y a estar cerca de quienes más lo necesitan, me pasó algo muy sencillo.
Me vinieron a la cabeza muchas de esas cositas que escucho una y otra vez sobre la juventud. Que no quieren trabajar. Que no se esfuerzan. Que lo quieren todo fácil. Que viven pegados a una pantalla. Que antes éramos de otra manera.
Y pensé que quizá tocaba parar un poco y darle una pensadita.
Es cierto que existen jóvenes instalados en la comodidad, en la queja o esperando que la vida se lo ponga todo fácil. Existen. Sería absurdo negarlo.
Pero ojo, también existen adultos así.
Y, sin embargo, con ellos no solemos sentenciar a toda una generación adulta porque conozcamos a unos cuantos que no se implican, no se esfuerzan o viven instalados en la queja. Con los jóvenes, en cambio, tendemos a generalizar con demasiada facilidad. Los miramos y los metemos a todos en el mismo saco. Y eso me parece injusto.
Y eso me........
