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Pepe Azorín, amigo

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15.03.2026

Pepe Azorín junto a su escultura L'abraç. / Diego Coello

La semana pasada Pepe estaba muy contento, El Ayuntamiento le había prorrogado su magnífica exposición en Altea debido a la cantidad de visitantes que lo reclamaba. Y esperaba visita de Ximo Puig desde París. Habíamos quedado en revisitarla e ir a comer al restaurante de la parte alta de la ciudad blanca donde a él le gustaban las famosas cocas de la Marina.

Seguía entusiasmado con sus trabajos diarios en los que no paraba de comprar papel de ese especial que usaba para sus dibujos de abrazos, raíces, palomas libres o paisajes de la comarca. Estaba satisfecho por el éxito de Damiá en tierras foráneas. Y aliviado porque Lorena estaba de nuevo en casa, junto a ellos.

Siempre con planes en la cabeza en su mediado octavo decenio, la mente de Pepe no paraba de bullir a pesar de que Rosa, su inseparable compañera, le reñía con su suavidad cargada de amor intenso de que ya no estaba para tanto lío y que tuviera mucho cuidado en no tropezar en el camino que, diariamente, le llevaba desde su casa a la plaza de la iglesia de Altea, donde las cafeterías de la zona acogían con agrado entre turistas la presencia del artista más famoso del lugar.

Siempre hemos escrito que algún día la calle donde vivía la familia Azorín llevaría el nombre de la generosa persona y magnífico artista que era Pepe. Tal vez ahora sea el momento. Buen viaje, amigo. Pepe Díaz Azorín ha fallecido hoy en Alicante.


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