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Esquivando baches de camino a Lepe

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19.03.2026

19 de marzo 2026 - 03:11

El otro día conduje hasta Lepe para asistir a la inauguración de una exposición en la Galería John Holland, tomando la N-431 desde el cruce de Aljaraque. De camino a mi destino fui sorteando agujeros, porque ya ni siquiera pueden llamarse baches, tratando de mantener el coche en su carril sin invadir el contrario ni el arcén. Me vi protagonista de un videojuego, de temática apocalíptica, con el corazón dando tumbos cada vez que no lograba esquivar uno y pensando en cómo la suspensión se resentía con cada golpe. También me venían a la cabeza las ruedas: un posible reventón, el desgaste prematuro, y ese sablazo inevitable cuando toca cambiarlas.

Para rematar la escena, empezaba a anochecer. Las luces de los coches me deslumbraban más de la cuenta, el tráfico era constante y mi presbicia no ayudaba. La irritación iba en aumento, mezclada con la incredulidad: resulta difícil aceptar que una carretera en este estado siga soportando a diario el paso de miles de vehículos. Trabajadores, vecinos, conductores en general que, más que circular, parecen obligados a jugarse el tipo esquivando trampas en el asfalto.

Por si fuera poco, al pasar por una gasolinera y ver el precio del combustible, terminé de asumir que aquello era real: estaba metida de lleno en un escenario digno de Mad Max. Sentía que en cualquier momento iba a aparecer, desde detrás de un arbusto, un buggy 4x4 descomunal, cargado de tipos calvos vestidos con pantalones de cuero y tachuelas, persiguiéndome para arrebatarme hasta la última gota de gasolina y de agua. Al final llegué sana y salva, con mi botellita de agua intacta.

Lo que debería ser un trayecto cotidiano se ha convertido, desde hace demasiado tiempo, en un recorrido incómodo y, en muchos tramos, peligroso. El estado de la calzada no es una novedad: lleva años siendo motivo de queja constante entre vecinos y conductores habituales, sin que se haya dado una solución definitiva.

Al tratarse de una carretera de titularidad estatal, es el Gobierno central, a través del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el responsable de su mantenimiento. Sin embargo, la sensación generalizada es de abandono. A lo largo de este tiempo se han producido numerosos incidentes y accidentes, algunos de ellos evitables, que no han hecho más que aumentar la preocupación de quienes transitan a diario por esta vía. La ciudadanía no solo reclama una reparación urgente, sino también una respuesta clara ante una situación que, lejos de mejorar, se ha ido agravando con el paso de los años.

Estamos cansados, cabreados y ya nada nos sorprende: lo único bueno de todo esto es que estamos preparados para el apocalipsis. Yo ya tengo la radio y el hornillo. ¡Feliz jueves!

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