Soltando lastre: de Bach a Boney M.
14 de abril 2026 - 03:08
En una foto de la Fiesta de la Resurrección de Madrid se ve a dos entusiastas jóvenes sosteniendo un cartel en el que se lee: “Evangelisemos el mundo”. Con ese. Qué más da. Lo que cuenta es la intención, no la ortografía. Y, por supuesto, abarrotar un espacio público. Al precio que sea. El de la música, por ejemplo. Actuaron, informaba la organización, Gypsy Kings, “grupo internacionalmente reconocido por su fusión de flamenco, pop y música latina, famoso por éxitos como Bamboleo o Djobi Djoba”, Liz Mitchell de Boney M., “voz icónica del mítico grupo Boney M., protagonista de clásicos disco como Rivers of Babylon o Sunny, que marcaron toda una época”, Hakuna Group Music, “oración hecha arte, fiesta con mayúsculas” y Dj Pulpo, “porque la Resurrección también se baila, (…) para levantar al público desde el primer minuto: si has estado antes, sabes que con él la fiesta empieza fuerte”.
En las películas de aventuras, La isla misteriosa o Cinco semanas en globo por ejemplo, cuando la tela del globo aerostático se rasga y empieza a perder altura sus pasajeros van tirándolo todo para aliviar el peso, hasta la canasta en la que viajan. Tengo la sensación –no: la certeza– de que una de las cosas que la Iglesia ha tirado para intentar remontar el vuelo es la música. Fuera el gregoriano (y eso que en los años 90 del pasado siglo se puso de moda como música de la relajación y los monjes de Silos llegaron a vender siete millones de discos), Monteverdi, Palestrina, Victoria, Morales, Bach, Mozart, Bruckner y no digamos Penderecki o Messiaen. Fuera también los muy dignos cánticos piadosos de Otaño, Goicoechea, Busca de Sagastizabal o Torres. Bienvenidos el guitarreo y el pop cristiano.
En una placa en el suelo de Notre-Dame está escrito: “25 diciembre 1886. Conversión de Paul Claudel. Magnificat”. Recuerda que oyendo esta obra de Bach el escritor tuvo allí “el sentimiento desgarrador de una verdadera revelación inefable”. Benedicto XVI recordaba como, al oír una Cantata de Bach, “sentí, no por razonamiento, sino en lo más profundo del corazón, que lo que había escuchado me había transmitido verdad, verdad del sumo compositor, y me impulsaba a dar gracias a Dios”. Él escribió también: “La liturgia cristiana no está abierta a cualquier tipo de música”. Estoy de acuerdo.
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