Reyes de la pista de baile
HAY UN momento en el que tienes que aceptar que ya no eres el más guapo ni el más joven de la pista de baile. Acostumbrado a levitar esquivando baldosas pegajosas junto a otros reyes y reinas del baile, repentinamente es como si hubieses pisado un chicle recién escupido en el suelo. Te quedas paralizado en mitad de la sala y comienza a rodearte un grupo de chicos y chicas que no habías visto nunca antes en ese local. Son más guapos, más jóvenes, se les ve incluso más sonrientes y han llegado más tarde que tú. Le hacen los coros a esa nueva canción de Quevedo que tanto odias. Intentas seguir su ritmo, pero sigues pegado al suelo. El relevo se otorga de forma casi instantánea, y las luces ahora solo les apuntan a ellos, que se sitúan bajo la gran bola luminosa mientras se miran en el reflejo plateado. Como en un musical de bandas, ellos han ganado el duelo y ahora tu nueva ubicación está más al margen, poco a poco saliendo del centro. Ellos no lo saben, ni siquiera te ven, están muy concentrados en sentir la música y respirar al mismo tiempo. Vas a tener que adaptarte a este nuevo lugar, piensas, mientras en el centro de la pista siguen sucediendo todo tipo de cosas.
Es importante saber irse de los sitios a tiempo, y eso es algo que sólo se aprende con el paso de los años. Marcharte de esa relación que no te hace del todo feliz, abandonar ese piso compartido en el que la lista de tareas semanales nunca se cumple, dejar tu casa de la infancia, decirle adiós a esa amiga que sólo te cuenta sus películas desfasadas o no volver a ese bar donde te salen baratos los 'cacharros' pero caros los domingos. En pleno mes de junio, sé que en unos........
