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La pelota en el tejado de la RFEF

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18.03.2026

Aficionados del Celta, en el partido del pasado jueves contra el Lyon. / Marta G. Brea

La pelota —nunca mejor dicho, ya que hablamos de balompié— está en el tejado de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). Ahora que A Coruña se ha descabalgado definitivamente del proceso para acoger partidos del Mundial 2030 —algo que era un secreto a voces por la falta de socio financiero y la proa que desde el minuto uno le pusieron el Dépor y su presidente—, solo queda Vigo como estadio interesado y en condiciones reales de albergar la cita mundialista en toda Galicia. Mejor dicho: en todo el Noroeste de España.

Entonces… ¿qué va a hacer la RFEF? ¿Seguir aferrada a la cantinela de que Balaídos no alcanza el aforo suficiente, obviando a propósito los planes de ampliación de la grada de Tribuna? ¿Va a dejar a gallegos, asturianos y castellano-leoneses sin partidos cerca, condenándolos a desplazamientos kilométricos? ¿O va a interceder de una vez por todas ante la FIFA para que Vigo cumpla su ambición?

Entiendo, espero y confío en que la respuesta a esta última pregunta sea un sí rotundo. Porque lo contrario —negarle a Vigo el derecho a ser mundialista cuando es el único estadio con capacidad para acoger partidos en 2030 en esta zona del país— jamás se entenderá. Nunca. No hay razones objetivas que lo justifiquen.

Aquí hay un proyecto solvente y con la financiación asegurada, un estadio prácticamente reformado (con las obras de Gol ya avanzadas y las de Tribuna, perfiladas), servicios de primer nivel, un club y una afición que son una piña absoluta, que quieren el Mundial con todas sus fuerzas y que han sido capaces incluso de movilizar a la grandísima Madonna en una campaña de marketing que ha traspasado fronteras y generaciones. ¿Y la respuesta va a ser un no?

Escándalo del Sedegate

Al margen del revuelo político que siempre ha rodeado este proceso y del escándalo del Sedegate (con frases inolvidables del estilo: «¿Tiene tren A Coruña? Ponle un diez»), Vigo se merece la oportunidad. Y lo que debería hacer la RFEF ya mismo es aprovechar que estos días responsables de la FIFA están visitando los estadios preseleccionados (entre los que estaba Riazor) para traerlos a Balaídos. Que vean in situ la buena marcha de los trabajos de Gol y que el Concello pueda exponerles el proyecto de ampliación de Tribuna para llegar a los 43.000 asientos exigidos por la Federación. ¿Por qué dejarlo para otoño? ¿Por qué no matar dos pájaros de un tiro y acelerar el trámite ahora que la ventana está abierta?

Porque el tiempo apremia y las renuncias se acumulan. Con A Coruña y Málaga fuera y otras candidaturas tambaleándose (¿Las Palmas?), Vigo no es solo una opción viable: es la decisión lógica para cubrir el noroeste peninsular y para demostrar que la RFEF apuesta de verdad por la descentralización y por el fútbol de la gente, el que llena estadios con pasión y no solo con presupuestos irreales y diseños de PowerPoint.

Y aquí va el punto final, mejor dicho: la jugada decisiva. La RFEF puede seguir estirando el chicle, parapetada tras el «aforo» como excusa de manual, o puede hacer lo que le toca: mirar al mapa, mirar a los plazos y mirar a la realidad. Si Vigo es la única plaza con un plan serio para llegar a tiempo, lo razonable es tratarla como tal. Lo demás —el silencio, la dilación, el «ya veremos»— no será prudencia: será irresponsabilidad.

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La pelota está en su tejado, sí. Pero no es solo una pelota: es la oportunidad de que todo un territorio no quede fuera de la foto. Que no la dejen botar hasta perderse. Que la paren, la controlen y la jueguen hacia donde toca. Porque Vigo está preparada para chutar a gol. Y el Noroeste también.

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