menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Diuty first, self second

38 0
28.08.2026

La regla de oro que debe definir a un jefe de Estado y de gobierno es: primero el Estado, después lo personal. Aunque es una verdad de Perogrullo, hay que recordar que los ministros en nuestro régimen constitucional son fusibles, precisamente para que el fusible no termine siendo, como ha venido sucediendo en los últimos 10 años con las vacancias presidenciales por quítame estas pajas, el jefe del Estado y de gobierno y también el presidente del Consejo de Ministros. Nadie es perfecto y por eso la elección de los ministros está sujeta a prueba y error. Pero cuando de saque algún ministro trae más problemas que soluciones, hay que tomar las medidas necesarias lo antes posible, antes de que los problemas se vuelvan insolubles y terminen perjudicando al gobierno. Pongo casos históricos extremos donde los sacrificados en nombre del Estado han sido hasta parientes de sangre. “El día de los engañados”. 1630. Luis XIII era rey de Francia y el cardenal de Richelieu, su primer ministro. Había sido colocado allí por obra y gracia de María de Médicis, la reina madre. Esta mujer era una nulidad política. Mandona, ambiciosa y torpe. Sin embargo, Richelieu se la había ganado con lisonjas y se lo había impuesto a su hijo, el rey, al cual tenía sometido atormentándolo constantemente. Luis XIII tenía........

© Expreso