El presidente Kast y el pensamiento de Diego Portales
El derechista, José Antonio Kast, es el nuevo presidente de la República de Chile, y en sus palabras iniciales, ya investido como mandatario, luego de juramentar el más alto cargo de Estado de la nación sureña, ha hecho referencia a la figura de Diego Portales, el mayor pensador geopolítico de Chile del siglo XIX, referente absoluto del país en su proyección como Estado durante prácticamente toda su vida republicana. Kast ha expresado la necesidad de devolverle a Chile el orden que, a su juicio, y al mío, perdió el país en los últimos años, y al que muchos llamaron en la región como uno de los más ordenados y compactos en la vida internacional americana. La cita de Portales, completamente deliberada, era imprescindible para el nuevo jefe de Estado chileno, pues asume que la nación se ha visto sumida en el caos, una realidad penosamente atípica e incuestionable, mirando su perfil como nación en el largo tiempo de su vida independiente transcurrido. Cuando Portales tiene protagonismo en Chile, el país requería de una mano con autoridad para darle rumbo a la patria; sin embargo, el mensaje de Portales, fue visto por sus opositores, y hoy, por el progresismo chileno, como uno de autoritarismo. Creyó que el orden se alcanzaría con un Estado fuerte y decidido, lo que también creo para mi país. Fue realista como nadie y por eso sabía que si Chile se quedaba en la condición geopolítica heredada del virreinato –fue una Capitanía General–, su inexorable destino republicano sería la de un Estado periférico, intrascendente en la región y totalmente dependiente del poder de otros con mayor posicionamiento. Por eso es el autor intelectual de que el proyecto de la Confederación Perú-boliviana terminara en el fracaso fue Portales. Por eso la expansión geopolítica chilena hacia el norte, todo lo más que pudo, fue Portales. Enseñó a su pueblo a prepararse para el futuro, asumiendo que la educación es la mayor inversión de un gobierno para con su pueblo. El problema de Portales es que por su pragmatismo desdeñó al estado de derecho y legitimó el fin justifica los medios, lo que permitió a Chile ganar la guerra que había planeado y eso sí es condenable. Kast no debe ser un presidente autoritario sino uno con autoridad, y para serlo, siempre deberá estar pegado a la Constitución y a las leyes, respetando el equilibrio de poderes, la más clara expresión de una vida nacional dominada por la democracia. Mirando la migración internacional, Kast no debe imitar a Trump. Deberá ser respetuoso de los extranjeros que se encuentran dentro del territorio de Chile y actuar pegado a la ley. Allí está el secreto. Kast no dejará de ver a Portales como el gran referente para Chile y eso estará bien, pero –repito– nunca con poses de autoritarismo y siempre enarbolando la autoridad. Chile merece el orden que no tiene y aunque no requiere un gobierno de derecha para conseguirlo, la oportunidad para Kast se ha vuelto un imperativo nacional casi en tono dramático. Veremos cómo lo hace.
(*) Excanciller del Perú e Internacionalista
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