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¿Por qué el caso de Venezuela no se parece en nada al de Irán?

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03.03.2026

La eliminación, por ataque altamente sofisticado en su eficacia, del ayatola Alí Jamenei, líder supremo de Irán, por Estados Unidos de América y el Estado de Israel -acción conjunta-, no es nada comparable a la extracción del dictador venezolano, Nicolás Maduro, que fuera llevado a Nueva York para su juzgamiento. Aunque los dos hechos militares lograron su objetivo, en el caso del exdictador chavista, al gobierno de Donald Trump le interesaba sobremanera detenerlo y conservarlo con vida; en cambio, con relación al ayatola Jamenei, está claro que, desde el comienzo, buscaron deshacerse mortalmente de él como de importantes cuadros del régimen teocrático iraní, a cualquier precio. En segundo lugar, mientras que una vez reducido Maduro, Washington ha venido consiguiendo un control cada vez mayor de Venezuela -ahora hay un triunvirato títere (Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino), que solamente sabe obedecer las instrucciones de la Casa Blanca-, la desaparición de Jamenei no ha permitido a Estados Unidos un ápice del dominio materia de Irán. Muertos Jamenei y otros hombres claves del régimen teocrático, a estas alturas, ya debe haber nuevos líderes para asegurar la pervivencia de la dictadura. Debo recordar que mientras en Venezuela se ha levantado un plan con tres fases para que el país llanero vuelva a la democracia que perdió hace más de medio siglo, en Teherán no existe ningún proceso de transición política ni nada por el estilo, y esta realidad no puede ser soslayada de los análisis a la hora de evaluar la enorme complejidad que reviste Irán como uno de los dos actores más relevantes del Medio Oriente, dado que el otro es Israel, sin discusión. Aunque es verdad que Venezuela e Irán tienen al petróleo como el factor partero de los despliegues ciclópeos de Estados Unidos en los frentes internos de ambos países, geopolíticamente no valen igual o lo mismo para China o Rusia. Venezuela fue prácticamente un asunto perdido para oriente por hallarse lejos del espacio vital de los chinos y de los rusos. Jamás iban a desplazar sus capacidades militares o navales hasta las costas del Caribe; en cambio, Irán, es exactamente todo lo contrario. Una derrota del régimen iraní significará, no solo el triunfo de Estados Unido sobre la dictadura chiita en esta nación persa, que fuera impuesta desde 1979, a la toma del poder por una teocracia promovida por la Revolución Islámica, encabezada por el ayatola Jomeini, sino que deberá leerse como una derrota para China y Rusia, pues Irán sí se encuentra dentro del espacio vital de Beijing y de Moscú, cuyas alianzas tripartitas no se han mantenido en secreto. Esto último es lo que más debería preocupar a chinos y rusos pues estarían perdiendo el control sobre el estrecho de Ormuz por donde circula el comercio (no solo iraní) de petróleo que sale para el mundo, y francamente no veo a China ni a Rusia, tirando la toalla como hicieron de facto con Venezuela.

(*) Excanciller del Perú e Internacionalista

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