Mano dura y plan, ¡ya!
Sería de una injusticia grosera exigirle a la presidenta Keiko Fujimori, con cinco semanas en Palacio, el milagro que el Perú no se atrevió a intentar en un cuarto de siglo. Gobiernos de todos los signos administraron la inseguridad como un mal clima: se lamentaba, se decretaba un estado de emergencia, se firmaba un acta y se pasaba la página. El Reinfo se volvió permiso para delinquir con el oro. El penal, oficina. La extorsión, un impuesto paralelo. Pretender que en un mes se desmonte esa arquitectura de gobierno del miedo, de Estado paralelo, es irreal. Dicho esto, un mes sí basta para dejar de hablar en futuro. Lo de Trujillo no fue un “caso policial”, sino el retrato de un Estado que llegó tarde y cuyo relato no cuadra: un comando con uniformes ajenos, cuatro muertos, un........
