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Corren malos tiempos para la lírica

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22.09.2026

Es curioso, y hasta cierto punto incluso aleccionador, ver las interpretaciones —y las manipulaciones— que se han hecho de las manifestaciones que recorrieron las calles de las principales ciudades de Catalunya con motivo de la celebración de la última Diada nacional. Después de unos años de mucha apatía, la gente volvió a dejar oír su voz en la calle, lejos de los centenares de miles de personas que se habían manifestado entre el 2012 y el 2017 —nada comparable con aquello—, pero aun así las imágenes de las esteladas volando al viento volvían a lucir. Y, como es obvio en toda fiesta nacional de cualquier país, la reivindicación de la jornada giró alrededor de los derechos nacionales, de la capacidad de autogobierno y, en definitiva, de la independencia que necesita Catalunya para garantizar su futuro como nación.

La gente, pues, se manifestó el Onze de Setembre, como con más o menos entusiasmo lo ha hecho desde el 2012, para reclamar la independencia, sin ninguna otra intención. Y esto conviene que quede claro, sobre todo a quienes han pretendido devaluar la celebración dándole un sentido y un significado que no tiene. El leitmotiv de la última Diada nacional no ha sido el combate contra la extrema derecha, al contrario de lo que han querido hacer creer las fuerzas políticas del sistema, ni la conclusión de la fiesta ha sido un llamamiento a combatir, precisamente, la extrema derecha, aunque esto sea lo que han suscrito partidos teóricamente catalanistas como ERC, JxCat y la CUP y entidades también supuestamente catalanistas como la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural. Todos han caído en la trampa del PSC, que cada día pone en práctica, tal como una bota malaya, una........

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