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‘Pellín’

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13.04.2026

Recién nacida la arisca década de los 70, tuve la fortuna de iniciar mi carrera de Medicina en la Universidad de Cartagena, claustro prestigioso con las improntas imborrables de la espada enjundiosa de Bolívar, las leyes intocables de Santander, y para ‘nivelar’ a los ‘primíparos’ procedentes de distintos colegios públicos y privados de toda Colombia, de paso “adelgazar el número de ‘primíparos’, programaban dos semestre sísmicos: matemáticas, trigonometría, química orgánica e inorgánica, física, suavizados con la cátedra Humanidades y Español.

Reconozco que me salvé milagrosamente de aquella guillotina algebraica en manos de famosos y temidos profesores de Ingeniería, uno de ellos apodado, ¡válgame Dios!, ‘El Clavo’, compensado con las clases magistrales de Español a cargo de Pedro Vargas Vargas ‘Pellín’ (Cartagena, barrio Getsemaní, enero 27 de 1941 - Cartagena, abril 7 de 2026), quien aun sin graduarse como abogado, estaba a cargo de la cátedra de Español: llegaba puntual -2 p.m.- lunes, miércoles y viernes a convencernos de que el “médico debía ser profesional integral: culto, vestir pulcramente, conocimientos universales y nativos, hablar con propiedad, escribir sin prisa, eso hace la diferencia entre el recetador y el médico verdadero, caracterizado por su fama de excelente galeno y persona, solidaria, integral, capaz de curar o al menos consolar con palabras bien pensadas, bien dichas y escritas, porque el que solo de medicina sabe, ni de medicina sabe. Mantengan junto al fonendoscopio el ‘Pequeño Larousse’, lean los clásicos de la literatura universal para ensanchar mente y alma”.

Casado con Estela Vargas de Vargas, abogado especializado en Derecho Penal, profesor emérito de la Universidad de Cartagena, hizo de su familia adoración sacrosanta. Amante de la literatura, de la música de Pedro Infante, de la crianza de pájaros cantarines, de los clásicos de la literatura universal, criolla y española; cazaba ‘gazapos invisibles’ para la mayoría de los mortales. Soy afortunado: con el tiempo pasé de ser su alumno a convertirme en su amigo, saboreando las mieles de las escrituras que compartíamos y pulíamos para que vistieran trajes relucientes, bien pensadas y bien escritas, tanto, que no me atrevía a publicar una sola letra sin que antes no pasara por las manos expertas de ‘Pellín’; y cuando lo escrito o dicho hería su oído o retina de sabio, empleaba una palabra que no admitía rectificación: “¡Bazofia!”

Pedro Pablo Vargas Vargas, padre amantísimo de Yolima, Germán, Pedro Pablo, engreído abuelo de infatigable y arisco rebaño. Abogado, literato, amante de buenas costumbres, prevalencia de la justicia cristalina y oportuna, de la palabra bien dicha y escrita, trato deferente, caballeroso, penalista connotado, maestro universitario, lingüista apasionado: 47 libros sobre literatura, historia y Derecho Penal Acusatorio convirtiéndolo en referente y autoridad nacional.

En esta época, cuando el ruido parece imponerse sobre la verdad, en Cartagena de Indias viene bien rendir homenaje a este personaje intemporal que consagró su vida a la justicia, la docencia, el lenguaje, la familia y las amistades. Abogado prestigioso, ponderado docente universitario, dedicado a preservar la virginidad y elegancia del lenguaje; mezcla de firmeza y sabio humor.

Implacable defensor del idioma de Cervantes, es probable que, allá en la eternidad, ‘Pellín’, lingüista insuperable, revisará uno a uno los 73 libros de las Sagradas Escrituras, cazando gazapos y, como penalista de fama sideral, evalúe la ejecución extrajudicial ordenada por Pilatos al pacifista Nazareno, pregonero de la luz y la justicia.


© El Universal