El poder de la plaza
Hay lugares que parecen simples espacios físicos, pero que terminan convirtiéndose en el corazón de una comunidad. La plaza es uno de ellos.
Una plaza puede ser apenas unos cuantos metros cuadrados. Grande o pequeña, formal o improvisada. Pero cuando la gente la ocupa, la hace suya y se encuentra allí, deja de ser simplemente parte del paisaje urbano para convertirse en escenario de ciudadanía.
La plaza es el lugar donde nos reconocemos. Donde nos encontramos con el vecino, con el amigo, con el contradictor y también con quien piensa distinto. Es el espacio donde la conversación deja de ser privada para convertirse en asunto público.
Por eso la plaza tiene poder.
La plaza ha sido, a través de la historia, nuestra ágora criolla. Allí han ocurrido encuentros políticos, religiosos, culturales, deportivos y comerciales. Allí se han escuchado discursos, se han celebrado fiestas, se han planteado inconformidades y se han construido acuerdos.
También allí se expresa, muchas veces de manera espontánea, esa extraordinaria capacidad que tiene la ciudadanía para hablar de lo que le importa.
La plaza es diálogo, pero también diferencia y desacuerdo. Es confrontación, sí, pero una confrontación que puede ser pacífica. Es debate, encuentro y, muchas veces, consenso.
Es un verdadero laboratorio social.
En una plaza........
