Noventa minutos
Tomo como inspiración un texto que escribí hace cinco mundiales y que sigue tan vigente como entonces, gracias a que una de las pocas cosas que la Fifa no ha cambiado en todo este tiempo es, precisamente, la duración de los partidos; aunque, con la desdichada pausa de hidratación, terminaron convertidos, en la práctica, en juegos de cuatro tiempos.
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Noventa minutos pueden ser una eternidad o un suspiro, según las circunstancias. Por ejemplo, noventa minutos se hacen interminables cuando a uno le toca esperar en una EPS para que le autoricen o le reprogramen una cita. En cambio, ese mismo lapso parece nada si le alcanza a uno para renovar el pasaporte, incluyendo la foto, la toma de las huellas y las demás vueltas de rigor.
Noventa minutos alcanzan para escribir una columna como esta, pero se vuelven larguísimos cuando toda la familia está lista para salir y solo falta esa persona que lleva media hora repitiendo lo mismo: “¡Ya voooy!”. En........
