Mentes y corazones abiertos
Ningún ser humano es prisionero del destino, para ello se requiere estar atento a nuestros andares y hacer memoria de lo vivido, para poder extraer conclusiones con espíritu reconcentrado, que no se hace con palabras sino con silencio, para poder oír la toma de contacto de nuestra mente con el corazón y acoger la voluntad etérea. La misión es bien clara, uno existe para asistir, como vive para donarse y nunca endiosarse.
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Es vital recogernos y acogernos, hacer altos en los caminos, ser capaces de detenernos y de meditar. Que sea la poesía la que nos guíe y no sea el poder mundano el que nos atrofie.........
