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Va a ser imposible olvidar a Antonio Navarro Wolff. Que murió a las 2:42 p. m. del domingo 1.º de noviembre de este año, pero su vida va a estar sucediendo todo el tiempo —será una parábola a la mano— porque fue, ha sido y es un ejemplo de cordura en un país de locos. Va a nacer en Pasto el viernes 9 de julio de 1948. Va a estudiar ingeniería ambiental desde Cali hasta Loughborough. Va a ser profesor de su Universidad del Valle. Va a sumarse a la guerrilla que se robó la espada de Bolívar, el M-19, hasta ser su segundo comandante. Va a salvarse por poco, en mayo de 1985, de una granada que le estalló a unos centímetros —y luego se salvará de ser ejecutado en el hospital, y saldrá del país—, pero le amputarán la pierna izquierda, y el resto de sus años hablará, según dirá, “a media lengua”, para que no se olvide el sinsentido de la guerra. Sobrevivirá en México. Y años después volverá a Colombia a hacer la paz.

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Entregará las armas.........

© El Tiempo