|
Ricardo Silva RomeroEl Tiempo |






































¿Qué podemos hacer –reducidos a pacientes– mientras tumban un sistema que cojeaba pero llegaba?

Ya no se trata de gobernar ni de cumplir la democracia, sino de imponer una versión de los hechos.

Esta presidencia ha sido una suma de promesas rotas y encerronas.

Quizás entendemos tan bien a los malos de las tramas que confiamos el poder en políticos perversos.

¿Qué tan posible es que esta presidencia caiga en cuenta de que su soberbia castiga a los pacientes?

¿Qué sentido tiene servirle a una red de ansiedades en la que hay más vigilantes que seguidores?

Nuestros tribunales siguen haciendo lo que pueden para recordarnos que somos iguales ante la ley.

Qué día definitivo fue el martes 4 de febrero. Está claro que estamos en manos de los necios. Y hay que sobrevivirlos.

Nadie quita ni da la dignidad, y son los líderes extraviados los que suelen escriturarse la honra de sus pueblos.

Hay que seguir siendo del bando plural, diverso e irreductible, que se niega a tomar bandos que maten.

Despreciar es una mala jugada. ¿Dejará de hacerlo, en su penúltimo año, este gobierno?

Se ve al que critique como un daño colateral en la tarea de evitar la humillación.
