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Cuchos

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16.04.2026

Cada día se le grita más a “el viejo país”. No es raro. No es nuevo. Es otro de los movimientos de la Tierra. Desde el principio de los tiempos ha habido pulsos generacionales no solo porque los hijos no están viviendo en el mismo mundo que los padres, sino porque no es nada fácil –al menos en estas sociedades tan desiguales en las que todo lo propio parece robado– que alguien que esté empezando su odisea compadezca a alguien que esté cuidando su casa. Siempre ha sido así: la arrogancia de los jóvenes contra la arrogancia de los viejos. Pero cada vez es más frecuente el edadismo –la segregación de los mayores, por ejemplo, la rancia maña de retirar a “los abuelitos”– porque las redes refundan países, privilegian memorias selectivas y legitiman prejuicios por minuto.

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¿Por qué digo todo esto? Porque ciertos dueños de la juventud pretenden retirar a los fantásticos Aterciopelados: porque me toma por sorpresa que no estemos rendidos a la belleza del pequeño........

© El Tiempo