¿Para qué pensar si tengo identidad?
Las redes sociales se volvieron el mejor lugar donde psicólogos sociales y antropólogos pueden hacer sus trabajos de campo. Una de las conclusiones que podrían sacar esos investigadores es que las ideas están desapareciendo. Las discusiones son bravas, pero solo hay intercambio de epítetos. Para refutar al otro simplemente hay que asignarle una mala identidad: facho o guerrillero, a conveniencia.
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Parece que en forma creciente reemplazamos el razonamiento por identificación con un grupo. Las creencias no son opiniones que se puedan discutir, o a veces cambiar, escuchando argumentos: vienen en ‘combo’ y son parte de la identidad. Jamás se renuncia a un mal argumento si es uno de los argumentos del grupo. Resulta preferible renunciar a los estándares que alguna vez tuvimos para juzgar las evidencias. No importa si las conclusiones son ciertas o falsas, sino cómo logramos defenderlas de una refutación ‘hostil’.
La sociedad se parece cada........
