Temor y temblor
Después de un sueño profundo en el cuarto de huéspedes del apartamento de mi hija Salomé en Bogotá, piso 19, leía con fruición el maravilloso libro El hijo del hombre, de Juan Esteban Constaín, acerca del Imperio romano que derivó en el imperio cristiano, cuando sentí que Julio César y el papa León I se me desprendían de las manos ante el comienzo del final de los tiempos. En un principio creí que era un temblorcito como el de todas las noches, pero pasado el primer minuto intuí que con edificio y todo nos desplomaríamos Claudia mi mujer, Salomé nuestra hija, la perra Ely y este servidor inservible del Señor de los cielos y de la tierra.
Agradecí a la Providencia hacia la que saldría disparado el haber permitido a mis ojos repasar los inicios del cristianismo en el informe de un iluminado colega, desde cuando miles y miles de fieles fueron masacrados por los infieles para detener su doctrina. Cuántas hecatombes se han venido sucediendo en el mundo desde que el mundo es mundo y no se ha acabado. O quién sabe. Es posible que el ser humano haya desaparecido como les........
