¿Recomposición política?
Lo que pasó en la última elección presidencial vuelve a poner sobre la mesa un interrogante que viene desde hace al menos veinte años: ¿es preciso extenderles ya la partida de defunción a los partidos políticos?
Durante buena parte del siglo XX, el bipartidismo entre liberales y conservadores permitió, con sus errores y exclusiones, mantener una cierta estabilidad política e institucional en la Nación. Claro está que esos “errores” no fueron menores.
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Durante la hegemonía conservadora (1885-1930) existía una especie de “fila india” para la sucesión presidencial, limitada al conservatismo. Probablemente por esa mezcla entre religión y política que venía desde la Constitución de Núñez y Caro, que además de invocar a Dios en el preámbulo —que mantuvo la Constitución del 91— determinaba que la religión católica era la oficial de la Nación, el arzobispo de Bogotá iba señalando con su báculo a quién correspondía el turno.
Cuando en 1930 dudó entre el general Vásquez Cobo y el maestro Valencia, a quien consideraban de izquierda por su poema Anarkos, el liberalismo recuperó el poder con Olaya........
