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Hay que sentarse a escribir

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04.04.2026

Cada vez estoy más convencido de que estamos en una simulación y de que no existimos. Todo lo que vemos y tocamos son solo hologramas, bits de programación, y nada de esto es tangible. Somos la invención de alguien, y no me refiero al Dios que nos enseñaron en el colegio porque, si así fuera, seríamos reales, pero no es así: carecemos de tejidos y de estructuras y no hay tal cosa como la carne y el hueso, solo códigos digitales.

Más que personas de Dios, somos una realidad virtual producto del emprendimiento de marcianos (por llamarlos de alguna manera), unos seres tecnológicamente muy avanzados a los que un día les dio por armarse un universo paralelo mientras jugaban en la computadora. Y les salió muy bien pese a ciertas brechas, no en vano hay un animal llamado vaca que da leche que podemos beber, o existen los ladrillos para construir edificios y cemento para pegarlos. Abrimos la llave y sale agua, al tiempo que movemos un interruptor y se hace la luz; para qué,........

© El Tiempo