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Vivir o no vivir esas vidas posibles

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26.08.2026

Opinión Vivir o no vivir esas vidas posibles

Cuando pienso en posibilidad, normalmente pienso en esa esperanza interna que, siempre subjetivamente, permanece latente en el interior de une misme. En ese grado de imaginación que se mantiene vivo y persevera incluso en escenarios hostiles. Me gustaría pensar que la posibilidad aún vive, de algún modo, en nosotres: que nos mantiene despiertes y que nos lleva a tomar decisiones; decisiones que podrían suponer un rechazo a las lógicas que contaminan nuestro presente. Pero vivimos tiempos extraños para la esperanza. Perderse en lo posible, hoy, no es un ejercicio fácil. Perderse hasta dejar emerger posibilidades que no habíamos contemplado antes, quiero decir.

Demasiado de lo que nos rodea se está desmoronando. No es fácil imaginar futuros deseables mientras la vivienda se vuelve un espacio inhabitable, el fascismo y el racismo continúan sofocando nuestros barrios, el trabajo administra nuestras vidas o Israel perpetúa impunemente su plan de ocupación en Palestina. Estamos atravesando un momento histórico de abatimiento: abatimiento del corazón, del pensamiento y del espíritu. Y así, cada año que pasa, un sentimiento de imposibilidad crece dentro de nosotres —nosotres que estamos, sobre todo, muy cansades.— Sin embargo, cuando pienso en lo posible, aún pienso que podríamos encontrarlo en algún punto ciego de las rígidas y francamente desesperanzadoras estructuras que habitamos. Pienso que se trata de una condición inherente al estar aquí, todavía. Una condición que nunca podría disolverse del todo.

¿Qué nos mantiene perpetuamente lejos de aquello que tanto anhelamos?

Me pregunto, entonces, qué será eso que parece alejarnos de la experiencia de dicha posibilidad residual, esa que podría encaminarnos hacia un reajuste colectivo, quizás incluso hacia un cambio estructural. Más allá de la precariedad, más allá del cansancio; de lo complejo que se está volviendo sostenernos. ¿Qué nos mantiene perpetuamente lejos de aquello que tanto anhelamos?

Lo posible se juega en el terreno de la fantasía, ya sea esta individual o colectiva. O al menos, ahí comienza. Podría decirse que se trata de un estado sensible, de una disposición afectiva que se activa a través de la proyección de escenarios deseables, que suelen contraponerse a la violencia inmediata. Seguramente muches podamos recordar una experiencia opresiva reciente ante la que esta figura se haya manifestado. Podría decirse, entonces, que configura una práctica cotidiana de resistencia, una que ensambla lo micro y lo macropolítico. Y es que, al ayudarnos a gestionar nuestras miserias diarias, lo posible........

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