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Fertilizantes: cómo convertir la guerra en un negocio

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29.03.2026

Opinión Fertilizantes: cómo convertir la guerra en un negocio

Director de Justicia Alimentaria

Hay algo obsceno y perverso en la forma en que funciona el sistema agroalimentario global. Cada vez que estalla una crisis —una guerra, una disrupción energética, un bloqueo comercial— el relato oficial habla de escasez, de tensiones, de incertidumbre. Pero si uno mira con atención, lo que aparece no es solo un problema de costes. Aparece, también, una oportunidad de negocio.

La escalada en torno a Irán y el estrecho de Ormuz vuelve a ponerlo sobre la mesa. Una parte sustancial del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados —especialmente urea— transita por esa ruta estratégica. Cuando el conflicto amenaza el flujo de energía y materias primas, el mercado reacciona de inmediato. Los precios se disparan. En pocas semanas, la urea ha subido cerca de un 40% y, en términos interanuales, el incremento ronda ya el 80%.

Nada de esto es casual. Los fertilizantes nitrogenados son, en realidad, gas fósil transformado. Su producción depende directamente de la energía, y en particular del gas natural. Por eso, cada sacudida geopolítica en Oriente Medio se traduce automáticamente en una sacudida en el campo europeo.

Hasta aquí, el relato es conocido. Lo que ya no es tan evidente —o no se quiere hacer evidente— es qué ocurre entre el aumento de costes y el precio final que pagan los agricultores. Porque entre una cosa y otra hay un espacio. Y ese espacio tiene nombre: margen.

Si miramos el caso español con algo de detalle, el relato empieza a resquebrajarse. El volumen de fertilizantes apenas crece, pero el valor del mercado se dispara. En 2025, las importaciones aumentaron ligeramente en cantidad, pero su valor lo hizo en más de un 20%. Es decir, no estamos utilizando mucho más fertilizante; estamos pagando mucho más por él. Cuando el........

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